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Noticias etiqutadas con : mundodaorino

MAX STIRNER, «el único» y «su propiedad» (III)
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http://www.mundodaorino.es/2009/10/max-stirner-el-unico-y-su...
(…) Quien no ha intentado y osado nunca dejar de ser un buen cristiano, un protestante creyente, un hombre virtuoso, se encuentra preso y confundido en la creencia, virtuosidad, etc. Al igual que los escolásticos sólo filosofaron dentro de la fe de la Iglesia (el Papa Benedicto XIV escribió tochos dentro de la superstición papista, sin jamás poner en duda esa fe), así hay escritores que llenan volúmenes enteros sobre el Estado sin ni siquiera poner en duda la idea fija del Estado, nuestros periódicos rebosan de política porque están poseídos de la demencia de que el hombre ha sido creado para ser un «zoon politikon», y así los súbditos vegetan en el sometimiento, hombres virtuosos en la virtud, liberales en la «humanidad», etc., sin jamás haber tocado esa idea fija con el cortante cuchillo de la crítica. Definitivos, como definitiva puede ser la demencia de un loco, permanecen esos pensamientos sobre pies firmes, y quien duda de ellos, ¡ataca lo sagrado! Sí, la «idea fija», ¡eso es lo verdaderamente sagrado! ¿Nos encontramos simplemente con poseídos del demonio, o topamos con la misma frecuencia con poseídos contrapuestos, que están poseídos por el bien, la virtud, la moralidad, la ley o cualquier otro «principio»? Las posesiones demoníacas no son las únicas. Dios obra en nosotros, y el demonio también, aquel mediante la «gracia», éste de manera «demoníaca». Los poseídos están empeñados en sus opiniones. Si os desagrada la palabra «posesión», llamadlo «apasionamiento», sí, llamadlo así, porque el espíritu os posee y de él vienen todas las «inspiraciones», toda exaltación y entusiasmo. Añado que el perfecto entusiasmo –pues uno no se puede detener en el débil e incompleto– se llama fanatismo. El fanatismo se encuentra precisamente en los instruidos, pues el hombre es culto en cuanto se interesa por lo espiritual, e interés por lo espiritual es (y debe serlo necesariamente cuando es activo) «fanatismo»; es un interés fanático por lo sagrado (fanum). (…)■ (Pág. 77-78) Vivimos en un mundo moral, o mejor dicho, en un mundo donde las personas son dominadas por una moral. No hacen lo que deben hacer, simplemente se guían por el ambiguo camino de lo que creen que está bien. Sus acciones se reducen a un guión de valores, y ese guión se sigue a rajatabla: no existe la posibilidad de elegir, de ser soberano. Una moral no da tregua a la libertad, las acciones de cada individuo deben erigirse bajo el código moral dominante. Pero el Bien y el Mal no existen, y si existen están tan mezclados que es imposible diferenciarlos. El TAO, aún siendo una noción dual del mundo, muestra claramente que en el Bien se oculta también el Mal y que, por el contrario, dentro del Mal se oculta el Bien. Entender el mundo bajo la senda del Bien es por lo tanto hollar un camino demasiado rígido. Ese camino del Bien ha sido antes labrado por otro, ese Bien no es tú Bien, sino el de alguien ajeno. En la vida no hay moral, la vida está exenta de ese "coste". La moral es esencialmente humana, demasiado humana, una invención, un artificio más. Bajo el bien se erigen las cosas sagradas y divinas. Lo Bueno y lo Malo se nutren de aquello que beneficia o perjudica a una época determinada. Pero la moral no debe ser necesariamente un error, de hecho creo que es necesario un sistema de valores, un cierto orden ético. Pero el orden debe obedecer a intereses lo más reales posibles. Una moral erigida por el Hombre y para el Hombre, por beneficio del Hombre y que repercuta sobre todo en el individuo: una moral que respete al individuo. Respetar los valores de cada uno, la pluralidad, eso es la única moral que admitiría. Nadie está en posesión de la verdad, y por lo tanto nadie está en posesión del Bien. Existen poseídos de la divinidad o celestiales, quienes son antitéticos respecto de los poseídos por el Mal, por el Diablo. ¿Por qué no iba a ser lo celestial en el Hombre producto de una posesión?, lo es de hecho. El Dios celestial, la idea de Humanidad y toda idea con miras morales bondadosas domeñan el alma o el espíritu (¡lo que sea!) de la misma forma que el Diablo quiere el alma de los mortales. Tanto el Bien y el Mal quieren dominar tu conciencia, pretenden que te reconozcas en sus atributos esenciales. Lo que ocurre es que siempre el Bien y el Mal se confunden, será porque forman un sólo "ser". Sin embargo, el Hombre con verdadera conciencia siempre estará por encima del Bien y del Mal y por lo tanto alejado de las posesiones celestiales y demoníacas: «Mi moral es la que yo decida». Yo nombro a Stirner Rey de los sacrílegos. Dilapida todo lo sagrado, no existe nada intocable, todo puede ser atacado por la crítica, todo puede ser cuestionado. La censura nace del entendimiento de que hay ciertas cosas sagradas. ¿Qué es lo sagrado? Lo intangible, lo fijo, lo que está por encima de los hombres, de cualquier hombre. Y es de lo sagrado Sigue leyendo...
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MAX STIRNER, «el único» y «su propiedad» (II)
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1. El devenir del Hombre. En la primera parte de El Único y su Propiedad, Stirner nos muestra una especie de esquema que me recuerda mucho a esas maravillosas palabras sobre el camello, el león y el niño de Así Habló Zaratustra. En ambas, tanto en la representación de Stirner como en la alegoría de Nietzsche, creo que el devenir está implícito aunque el mensaje sea diferente. Para Stirner existe un acontecer que va del niño al adulto, pasando por el joven. Parecerá muy lógico, pero según las definiciones de Stirner la dimensión de las palabras «transmutan». El niño es realista, el joven es espiritual y el adulto ha descubierto su egoísmo, hace suyos los pensamientos y las cosas: «Sólo cuando se ha tomado a sí mismo un cariño personal y, al sentirse como su vivo retrato, encuentra placer en sí mismo (pero esto ocurre en la edad adulta del hombre)» (Pág. 42). El niño ve la materia, forma parte del mundo, su única realidad existe en cuanto que puede sentir las cosas con sus cinco sentidos: «Los niños tenían intereses materiales, esto es, sin pensamientos y sin ideas» (Pág. 43). El joven, sin embargo, es espiritual, se nutre de pensamientos, de cosas que no son cosas, ni siquiera vapores, de cosas que no se pueden tocar, que pertenecen al mundo de las ideas: «el joven se encontró como espíritu y volvió a perderse en el espíritu general, el perfecto espíritu santo, el Hombre, la humanidad, en suma, todos los ideales; el hombre se encuentra como espíritu corpóreo». (Pág. 42-43). Posteriormente el espiritual llegaría al egoísmo y controlaría las cosas y los pensamientos, sería dueño de todo lo que él quisiera para sí. Las diferencias entre los tres estados del Hombre señalados son ajenos al tiempo y a la edad. Si algo diferencia por ejemplo al ser espiritual del ser egoísta es el «entusiasmo», porque al «enloquecerse» pierde el dominio de sí mismo, mientras que el egoísta sabe lo que le interesa, sabe cuáles son sus prioridades, es decir, está más «centrado». Por ello, no es difícil encontrar a jóvenes con sesenta y cinco años y a adultos con veinte años. Toda esa evolución se consigue con esfuerzo, es sin duda -según Stirner- una esquematización del proceso de madurez del ser humano. El egoísta es por lo tanto un paso más en el proceso de elevación pero no el último escalón. Stirner deja entrever un paso más allá, un paso que te lleva más alto. Hablamos del anciano. El propio Stirner no nos dice nada del anciano porque aún no lo ha vivido. Así que ¿qué es ese esquema sino el propio devenir de Stirner? Stirner habla de sí mismo en El Único y su Propiedad, es su yo herido el que protesta, el que critica y desnuda los engaños secularizados que tanto detesta. Si llegara al estado de «ser anciano», y esto es una divagación, tal vez nos encontraríamos con un ser que ha superado el egoísmo, es decir, con alguien que simplemente no obedece ni a su propio capricho, que sirve a Nada, que se ha liberado del interés espiritual y material, de todo tipo de interés; es el hombre que ya ha vivido, es el hombre que ya no vive: la muerte es la superación de «todo», hasta del «Yo».■ 2. El mundo espiritual. Mucho es el daño que ha hecho a las conciencias la creación de mundos espirituales, es decir, de mundos subyacentes. Es cierto que todo pensamiento es espiritual, pero es muy diferente construir con el pensamiento una sólida base conceptual para entender el propio mundo ya existente que instituir un universo paralelo invisible, divino y quimérico. Pero en la realidad se ha anquilosado un concepto de lo verdadero, y lo verdadero es hoy ese mundo imaginario de las ideas, de lo espiritual (el dualismo). Espíritu es entonces todo pensamiento, el hombre es espíritu en cuanto que piensa. Por ello los paganos también eran espirituales, aunque todo su pensamiento lo aprovechaban para el mundo y lo construían desde el mundo para sacralizarlo. Sin embargo, lo divino son pensamientos del más allá, revelados, imposibles para el hombre porque no puede acceder a ellos con las manos. Stirner, bajo la premisa de un mundo espiritual, describe el mundo como un paisaje fantasmagórico repleto de espíritus, de fantasmas. La idea es un fantasma, el mundo está lleno de terror y muerte, es un mundo sin sombras. «El desgraciado Peter Schlemihl, que ha perdido su sombra, es el retrato de ese hombre convertido en espíritu, pues el cuerpo del espíritu no arroja sombra». (Pág. 51) Pero «el espíritu tiene que crear su mundo espiritual y, antes de crearlo, no es espíritu». (Pág. 60) ¿Qué ha sucedido entonces? Algo muy extraño debe ocurrir para que el niño se convierta en joven, que es quien dota de alma a las cosas, que es quien hace las cosas espirituales. El espíritu nace cuando el Hombre reniega de este mundo, el joven es una especie de sacrílego. La idea emanada de un pensamiento es «verdaderamente verdadera» si no s Sigue leyendo...
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MAX STIRNER, «el único» y «su propiedad» (I)
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No os engaño si os dijera que descubrir a Max Stirner ha sido todo un gran acontecimiento para mí. Su obra El Único y su Propiedad ha abierto en mí nuevas miras, nuevas pistas para una nueva reivindicación: entreveo la insurrección de un nuevo tipo de ser, el egoísta. Pero el egoísta no es aquel hombre avaricioso que lo quiere todo para sí, de este tipo lo son «los menos»; o también podría serlo, pero lo que quiero decir es que no estamos hablando del significado convencional que suele tener dicha palabra. El egoísta es ante todo aquel que se reconoce a sí mismo, aquel que tiene «plena conciencia de su unicidad, de su ser como algo completo»: lo exterior le es ajeno, con «lo impropio» sólo existe una «relación». Uno mismo es absoluto, el ser mismo de cada uno es absoluto, a eso es a lo que llamamos «unicidad». Con esta conciencia nace el egoísta, él es su propia cima, él mismo es su causa, no sirve «nada» que no sea él mismo; ni pone a ídolos, a dioses, a Dios, una causa ajena, etc. por encima de sí. El egoísta, reconocido a sí mismo como soberano, se libera de las convenciones establecidas (y si las aceptara sería porque ve en ellas un provecho y de dichas convenciones se «apodera»), de la masificación, de la simplificación y reducción sociales: él es único entre todos, es el ser que se reivindica, aquel que quiere ser él mismo, aquel que persigue sus causas, su propio camino, sus propias ideas, su propio capricho y no el de otros… «Yo no soy nada en el sentido de vacío, sino que soy la nada creadora, la nada de la cual yo mismo lo creo todo como creador» (Pág. 35). Atisbo la idea precursora del superhombre de Nietzsche… ¿precursora? No, tal vez no, en Stirner encuentro la propia idea de superhombre, Nietzsche la engrandeció y enriqueció aún más. Rescató esa idea como muchas otras ideas de Max Stirner de la burla y de la ignominia a la que fueron sometidas al ser tratadas como una broma o una burla, y eso que El Único y su Propiedad ha sido una obra que se ha vendido bastante bien. El soberano individual, el hombre aristocrático moderno, un ser lo más parecido a un ser «libre» de forma real (ser libre es servirse a uno mismo, lo demás es charlatanería: ¿qué libertad encuentro trabajando para el prójimo -o el Estado y demás formas de prójimo-?, ¿acaso el prójimo trabaja para mí? Todo se ha construido bajo la falacia descuidando la realidad egoísta de todo ser), resurgió en aquella época donde los énfasis modernos -los nacidos de la Ilustración y de los Utilitaristas- empañaban hasta hacer invisible todo ánimo de elevación, de grandeza, de individualidad verdadera: el derecho a uno mismo, el derecho a no ser reducido a la mayoría, a una plebe, a una canaille, a un grano de «harina» más de la «masa», etc. (Si la Ilustración universalizó las ideas de Hombre y Humanidad reduciendo a todos a lo mismo, el utilitarismo redujo todo al «interés general»). «Dios ha fundado una causa en él mismo», diría Stirner. El resto de los seres le siguen, su causa y el propio Dios están por encima de todo ser humano, de todo ser hombre, de todo ser inhumano, etc. Durante siglos, al menos durante dos milenios (veo cierta generosidad en los dioses griegos y romanos -y en casi todo politeísmo-, al menos ellos hacían que el hombre se viera igual de grande y valioso que ellos, conseguían que lo humano, el Hombre, ¡el individuo!, se elevara… ¿por qué si no los dioses ponían a prueba a los Hombres? Su tiranía para con nosotros era su generosidad, mostraban su amor a base de catástrofes para que nos hiciéramos fuertes) los hombre se han postrado ante una idea imaginaria que hemos llamado Dios (Único). Un Dios no menos imaginario que cualquier otro Dios, pero este Dios tenía la particularidad de humillar al Hombre, de condenar toda belleza y exceso de vitalidad y fuerza mediante el «pecado». Un Dios así que humilla al Hombre no merece ser depositario de fe, un Hombre que se deja humillar no merece ni siquiera vivir. El egoísta no ve a ese Dios de origen «abrahámico» por encima de sí, sino que tal como dicha idea se proclama a sí mismo su propia causa, su propio objeto de veneración y amor. No hablo de ateísmo o de laicismo, quien es soberano se apropia de lo que le interesa… ¡hablamos de independencia del YO, de soberanía individual, una mirada post-ilustrada que reivindica al individuo en lugar del universalismo y el aborregamiento!: « Mi causa no es ni la divina ni la humana, no es la verdadera, buena, justa, libre, etc., sino solamente la mía, y no es ninguna causa general, sino que es… única, como yo soy único. ¡No me interesa nada que esté por encima de mí!» (Pág. 36) Pero claro, las ideas no se sitúan por encima nuestra solas, el propio Hombre es quien las inventa: su necesidad de algo superior lo hace sí. El Hombre no sabe mandarse, no sabe ser soberano, necesita una disculpa, un asidero aunq Sigue leyendo...
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LOS TOTALITARISMOS
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(…) La comparación entre comunismo y nazismo es, de hecho, no sólo legítima, sino indispensable, porque sin ella ambos fenómenos resultan ininteligibles. La única manera de comprenderlos –y de comprender la historia de la primera parte de este siglo– es «tomarlos juntos» (Furet), estudiarlos «en su época» (Nolte), es decir, en el momento histórico que les es común. (…)■ Alain de BENOIST, COMUNISMO Y NAZISMO - «25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989)». Ediciones Áltera, S.L., enero de 2005. Pág. 20. Traducción de José Javier Esparza y Javier Ruiz Portella. Alain de Benoist nos presenta en su obra «Comunismo y Nazismo» las dos tendencias ideológicas que se deducen del título de dicha obra como fenómenos producidos por la modernidad. Tanto es así que se atreve a delimitarlo en el tiempo entre los años 1917, triunfo del bolchevismo en la llamada Revolución Rusa, y 1989, caída de la URSS - aunque es bien sabido que en la actualidad existen países como Corea del Norte que pueden denominarse como un residuo de un período pasado: el régimen de Pyongyang es un anacronismo. Por supuesto, en todo aquel tiempo, el totalitarismo soviético convivió con el nacionalsocialismo alemán, señalado igualmente como totalitario. Pero no son solamente «modernos» en sentido temporal, sino que son denominados un fenómeno único en la Historia: se perseguía el «control total» y absoluto del Hombre, nada podía escapar del control estatal; es decir, no eran ideologías que pretendían controlar los cuerpos nada más (lo que puede denominarse o traducirse en «fuerza de trabajo»), sino controlar igualmente el pensamiento (o alma, o espíritu, etc. - llamarlo como queráis), la conciencia, al propio ser interior e íntimo. Podéis pensar que no es así, que el totalitarismo puede ser un fenómeno con antecedentes ya en el pasado. Sin embargo, el control del ser era potestad de la religión. De esta forma puede entreverse que lo religioso, encargado del control de las «almas», daba un servicio al poder político. No obstante, el poder político gobernaba los cuerpos de las personas. Ambos poderes son aliados en el PODER emanado de Dios, aunque manteniendo un «statu quo». Por supuesto, esto se ofrece a múltiples matizaciones, soy consciente de ello; porque al final si existía un totalitarismo era el basado en la figura de Dios, pues de él emana todo Hombre y toda Institución: ya sea de forma más o menos solapada la teocracia siempre ha estado ahí, contralando nuestra conducta y pensamientos. En definitiva, el totalitarismo pretende dominar el cuerpo y el pensamiento, el cuerpo y el alma, el cuerpo y… lo sensible y lo mental, al ser completo. El nacionalsocialismo y el comunismo ofrecían su propia visión del mundo, su propia «espiritualidad», ya sea ésta mesiánico-esotérico-pagana (nazismo) o materialista-universalista-igualitaria-postcristiana (comunismo). Estas ideologías se entrometen en todos los ámbitos de la vida cotidiana haciendo imposible la libertad individual y la propia realización personal. Cada ser es «propiedad» del Estado, la causa es el Estado, cada individuo es sólo un medio para satisfacer al Estado: el Estado sustituye a Dios, el líder al mesías, el más acá al más allá. De esta forma, el comunismo y el nazismo se presentan como religiones profanas (religiones para no crucificados) que prometen una realización en el propio mundo: un paraíso en la tierra. Y cuando se equipara ideología totalitaria con religión es por compartir ciertos rasgos comunes: dogmatismo, certidumbres absolutas, mistificación, etc. Y dichos rasgos totalitarios se dan en el comunismo y en el nazismo, por lo que no es descabellala su relación y hacer un análisis compartido, pues ambas perseguían un mismo fin: el control total y absoluto; ¡y ambas existían como socialismo (uno marxista, otro pseudomarxista)!, ¡ambas fueron impulsados por el proletariado y creadas para el proletariado!, ¡ambas fueron movimientos obreros!, ¡ambas fueron en sus formas e ideas anticapitalistas y antiliberales aunque el comunismo se promulgue como heredero de la Revolución Francesa!... Son casi gemelos, su disputa en la Segunda Guerra Mundial fue un malentendido, jajajaja… El totalitarismo o «ideología total» pretende como se ha dicho anteriormente controlar todo, hasta el más mínimo detalle, solamente así podría explicarse la impresionante maquinaria burocrática soviética. Este control también puede situarse en el plano de la Historia. Para ellos la historia, el acontecimiento, debe ser calculable. Nada puede escapar al Estado. Para ello se hace necesario que todos los seres se reduzcan a un producto estándar y homogéneo. Todo totalitarismo aspira a homogeneizar a las masas, pretende, como diría Benoist, «reducir a las masas a un único modelo». Hablar de totalitarismo es hablar de «determinismo social» y de la pretensión del «f Sigue leyendo...
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SOBRE EL PASADO Y LO PASADO
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No sé qué pensarán de Alain de Benoist, pero me parece un intelectual muy cuerdo, inteligente y justo. Me parece muy cuerdo porque las reflexiones que plasma en su libro «Comunismo y Nazismo», que es de donde surge mi inspiración para escribir esta serie de artículos, son muy lógicas y racionales y se alejan de lo puramente emotivo y la censura moral; me parece inteligente porque ve el problema del totalitarismo en su nacimiento sin detenerse ahí, pues hurga en el pasado y por supuesto en el presente: no sólo duda sobre si estamos realmente ante una democracia, sino que pone en duda la democracia, de la misma forma que pone en duda que los totalitarismos fueran totalitarios aunque su afán fuera de tal idiosincrasia; finalmente, me parece justo, pues es capaz de ver lo positivo y lo negativo de cualquier sistema político, sea este el Nazismo o el Comunismo o… el «democratismo». Sus juicios de valor, su condena a cualquier ideología, ya surjan éstas de buenas o de menos buenas -o de malas o de más malas- intenciones, son en todo caso serios, meditados y no gratuitos, es decir, no llevados por la pasión o el fervor ideológico, que en este caso no existe. Sigue leyendo...
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CICLO "Genealogía de la Moral" (PARTE IV/IV) ¿Qué significan los ideales ascéticos?
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I. FILOSOFÍA Y ASCETISMO. (…) Es sabido cuáles son las tres pomposas palabras del ideal ascético: pobreza, humildad, castidad; y ahora mírese de cerca la vida de todos los espíritus grandes, fecundos, inventivos, - siempre se volverá a encontrar en ella, hasta cierto grado, esas tres cosas. (…)■ FRIEDRICH NIETZSCHE, LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (Un escrito polémico). Alianza Editorial, año 1998. BA 0610, Pág. 141. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. Decir que la filosofía tuvo como zócalo, como sustrato del cual alimentarse, cierto estiércol maloliente, séase el ascetismo, es de una certeza incuestionable. Pero del estiércol se alimentan las cosas bellas, como las flores y el cereal. Bajo los ideales de pobreza, humildad y castidad tuvo que emerger la filosofía, bajo formas tan anti-vitales tuvo que desarrollarse. Esos tres ideales son sumamente hijos del aburrimiento y de un gusto autorturador exquisito, no apto para Hombres soberanos y dinámicos. Esos tres ideales son también la hipocresía de todo ascetismo (institucionalizado al menos: hablemos de Iglesia Católica, Mezquita Islámica, etc.), más dado a la riqueza, a la prepotencia y al vicio. La pobreza como ideal ha equivalido en la Historia y en la Vida a “matar al pueblo de hambre”. Perdónenme, ¡pero menudo ideal! Ser pobre no es un ideal, no es perfección, la pobreza solo trae decadencia, enfermedad y deformidad intelectual y física. El ideal no debe ser la pobreza; la prodigalidad, la generosidad (no la limosna) y la riqueza deberían ser mejores constituyentes para una salutífera dieta que forjaran el ideal de la riqueza y de la sobreabundancia. Pero este ideal de la riqueza deberá tener su contrapartida en una actitud para ser ideal (y para ser riqueza de verdad), una condición que evite el derroche y ponga límites: la mesura. La humildad como ideal ha equivalido en la Historia y en la Vida a “empequeñecer al Hombre para reducirlo a una simple masa de carne y huesos obediente o a forjar hombres sumamente vanidosos”. Aquel que desea ser humilde está abocado a ser un hombre pequeño y temeroso… Es un falso ideal, pues un ideal verdadero, o al menos sano, debería empujar al hombre hacia arriba, a ser mejor cada vez. No hay que sentirse pequeño, sino lo suficientemente hombre, lo suficientemente fuerte y soberano para que no te aplasten. Y frente a la humildad ni vanidad ni prepotencia, ni siquiera fuerza, sino un poco de amor propio y de confianza en uno mismo. Por último, la castidad (algunas fuentes dicen –como Wikipedia– que no debemos confundirla con la abstinencia sexual) como ideal ha equivalido en la Historia y en la Vida “a hacer culpable al hombre de sus pulsiones más vitales –las abocadas a la sexualidad y a otro tipo de impulsos naturales y humanos, demasiado humanos- y a encubrir la impotencia genital y la incapacidad de fecundar del asceta”. La castidad es el ideal más cruel de todos pues proviene de algo muy noble y que requiere fortaleza: “el dominio de sí”. La castidad ascética concibe a todo acto vital el pecado y a cada nuevo nacimiento que prorrumpe la pringue del pecado original (el asceta no hace bienvenida una nueva vida por mucho que la celebren, son radicalmente contradictorios). Este ideal es producto de cierta barbarie doctrinaria y de la gran locura sacerdotal, estamento éste pródigo en pedófilos, pederastas y demás calaña desbordante de vicios. La castidad también enferma al hombre, lo llena de «complejos» y de «mala conciencia» por su condición natural (ver partes anteriores de este ciclo); es un vicio inverso y como tal también es debilidad y un vicio mucho peor; como dice el propio Nietzsche: (…) una vida ascética es una autocontradicción: en ella domina un resentimiento sin igual, el resentimiento de un insaciado instinto y voluntad de poder que quisiera enseñorearse, no de algo existente en la vida, sino de la vida misma, de sus más hondas, fuertes, radicales condiciones (…) (Pág. 152). La premisa parece sencilla: lo vital es pernicioso. Y es que todo aquello que te hace parecer un Dios, es decir: ser pródigo y generoso (soberano), tener amor propio y ser fecundo y dador de vida… no es bienvenido para el asceta. Espero que se entienda en mi crítica a la castidad. La critico únicamente como ideal ascético. La castidad puede tener multitud de puntos a favor. Puedo entender la castidad como un “domino de sí” (donde uno avasalla sus propios impulsos para convertirlos en beneficio en lugar de ser arrastrado por los mismos para convertirse en un esclavo), como una moderación del placer y sobre todo como una castidad abocada a una sexualidad exclusivamente procreadora, lo que me parece muy noble y muy bello. En su lado opuesto encontramos el vicio. Todo vicio es una debilidad, una forma de perder el control y la autonomía. En nuestra sociedad casi abogaría por cierta castidad, ¡no por abstinencia!, sino por una ca Sigue leyendo...
Enviado por daorino hace 3 meses, 1 semana, 20 horas
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Epicuro o la moderación en el placer: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?
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http://mundodaorino.wordpress.com/2009/07/02/epicuro-o-la-mo...
Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces: - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad. Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-. Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal. Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo. Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más. En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona. A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■ Sigue leyendo...
Enviado por daorino hace 4 meses, 3 semanas, 2 días, 3 horas
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Resumen del debate celebrado por la Asociación Foro Identidad el 21/02/2009
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Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces: - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad. Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-. Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal. Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo. Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más. En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona. A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■ Sigue leyendo...
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Epicuro o la moderación en el placer ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?
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Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces: - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html - http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad. Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-. Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal. Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo. Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más. En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona. A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■ Sigue leyendo...
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