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LA ABSURDIDAD: El Mito de Sísifo y el «abismo camusiano»
http://www.mundodaorino.es/2009/05/la-absurdidad-el-mito-de-...
«Por una inconsecuencia extraña en raza tan sagaz, los griegos aseguraban que quienes morían jóvenes eran los amados de los dioses. Y no es cierto, salvo si se quiere admitir que entrar en el mundo irrisorio de los dioses es perder para siempre el más puro de los goces, que es sentir y sentirse sobre esta tierra. El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente, tal es ideal del hombre absurdo. Mas la palabra «ideal» conserva aquí un sonido falso. No es siquiera su vocación, sino sólo la tercera consecuencia de su razonamiento. Habiendo partido de una conciencia angustiosa de lo inhumano, la meditación sobre lo absurdo regresa, al final de su itinerario, al seno de las llamas apasionadas de la rebelión humana».
Albert CAMUS, El Mito de Sísifo, Alianza Editorial, BA 0660, Madrid, 2004. Quinta reimpresión. Página 83-84. Traducción de Esther Benítez.
Leyendo El Mito de Sísifo (publicado en 1942, el mismo año que se dio a conocer El Extranjero), ensayo sobre la absurdidad y el suicidio, de Albert Camus (1913-1960) no paraba de pensar en Cioran o en Becket, incluso en Kafka o en Nietzsche. Todos ellos, incluido Albert Camus, se dieron cuenta de que la vida no tenía ningún sentido y que el hombre era un ser difuso repleto de antinomias argumentales para justificar y evidenciar su existencia; la esperanza, Dios… son asideros del hombre que no asume su insignificancia y el vacío existencial, lo más parecido en el hombre al instinto de conservación animal.
La obra que aquí comentamos es un abismo, por ello el epígrafe parcial de «abismo camusiano», pues a muchos lectores les podrá causar vértigo o repulsión; y porque ciertamente hay un abismo entre el hombre con conciencia de lo absurdo de la vida y el hombre provisto de una inconsciencia, en un sentido de “no conciencia de lo absurdo”, que da sentido a su vida. Hay dos posibilidades pues: 1. Sumirse en la lectura y correr el peligro de caer en el abismo; 2. Ni siquiera asomarse al abismo y alejarse a terrenos menos peligrosos, carentes de la conciencia y consciencia de la absurdidad. El hombre de conciencia absurda siempre anda de forma irremediable, como por una especie de instinto, por el filo del abismo. ¿Y cómo nace el absurdo? Pues como señala Camus, gracias a ese divorcio entre la conciencia del hombre, por fin consciente de la inutilidad de la vida y de la sinrazón y sinsentido esencial a toda la existencia, y la realidad dada fuera de dicha conciencia que ayuda a construir la experiencia propia. De este modo mana una desazón inapelable, «la náusea». Finalmente, después de este “nacimiento” o “despertar al absurdo”, se bifurcan dos caminos: el suicidio (lo más profundo del abismo) y la rebelión (darle sentido a la vida, construir). Y obligatoriamente debemos elegir uno de los senderos.
Lo irracional no es “no asumir” lo racional, sino afirmar que la vida carece de sentido y lo que ella contiene de ilógico, ¡afirmar su vacío e intrascendentalismo! ¡Sólo hay pensamiento profundo siempre que uno es capaz de proveérselo con su propia conciencia, pues al fin y al cabo como experiencia sirve exclusivamente lo vivido y pensado!; una vez tomado esto, el hombre absurdo y con conciencia de lo absurdo está preparado para vivir la vida, a rebelarse contra la existencia y desafiar a la muerte; ya no hay contradicciones, la vida adquiere sentido con la conciencia de lo absurdo; y es un sentido absurdo, pero es su sentido.
El mensaje de Camus es afirmador, dice sí a la vida, si a la mayor cantidad de vida posible, ¡la vida debe agotarse y la muerte desafiarse! Así, en cierto modo, Camus zanja la problemática del suicidio, que es calificado como una salida del absurdo, pero he ahí de nuevo la paradoja: lo absurdo de vivir es precisamente la muerte. Por lo tanto, es un error esa máxima de que una conciencia consciente de lo absurdo debe, para ser consecuente, recurrir al suicidio; se puede salir de esa visión absurda de la vida precisamente asumiéndolo en afirmativo, siendo conscientes de ello: el suicidio es así tomado como una debilidad, la asunción del suicida de que la realidad le supera. Cómo no, esta forma de vivir, de vivir sabiendo de la inutilidad de las cosas, del sinsentido de las emociones, de los actos, de las consecuencias… requiere fortaleza y voluntad, sufrir y gozar cada segundo con la experiencia propia y tomada. Lo absurdo ha de superarse y la existencia debe ser rebasada para llegar al último instante habiéndolo agotado todo. La libertad se reduce a la de un hombre condenado a muerte.
«Vivir una experiencia, un destino, es aceptarlo plenamente. Ahora bien, no se vivirá ese destino, sabiéndolo absurdo, si no se hace todo para mantener ante sí ese absurdo iluminado por la conciencia. (…) Vivir es hacer que viva el absurdo. Hacerlo vivir es, ante todo, contemplarlo».
Albert CAMUS, El Mito de Sísifo, Alianza Editorial, BA 0660, Madrid,
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Etiquetas: mundodaorino, camus, absurdidad, sisifo, sentido, sinsentido
LA ABSURDIDAD: El Mito de Sísifo y el «abismo camusiano»
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«Por una inconsecuencia extraña en raza tan sagaz, los griegos aseguraban que quienes morían jóvenes eran los amados de los dioses. Y no es cierto, salvo si se quiere admitir que entrar en el mundo irrisorio de los dioses es perder para siempre el más puro de los goces, que es sentir y sentirse sobre esta tierra. El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente, tal es ideal del hombre absurdo. Mas la palabra «ideal» conserva aquí un sonido falso. No es siquiera su vocación, sino sólo la tercera consecuencia de su razonamiento. Habiendo partido de una conciencia angustiosa de lo inhumano, la meditación sobre lo absurdo regresa, al final de su itinerario, al seno de las llamas apasionadas de la rebelión humana».
Albert CAMUS, El Mito de Sísifo, Alianza Editorial, BA 0660, Madrid, 2004. Quinta reimpresión. Página 83-84. Traducción de Esther Benítez.
Leyendo El Mito de Sísifo (publicado en 1942, el mismo año que se dio a conocer El Extranjero) de Albert Camus (1913-1960) no paraba de pensar en Cioran o en Becket, incluso en Kafka o Nietzsche. Todos ellos, incluido Camus, se dieron cuenta de que la vida no tenía ningún sentido y que el hombre era un ser difuso repleto de antinomias argumentales para justificar y evidenciar su existencia; la esperanza, Dios… son asideros del hombre que no asume su insignificancia y el vacío existencial, lo más parecido en el hombre al instinto de conservación animal.
La obra que aquí comentamos es un abismo, por ello el epígrafe parcial de «abismo camusiano», pues a muchos lectores les podrá causar vértigo o repulsión; y porque ciertamente hay un abismo entre el hombre con conciencia de lo absurdo de la vida y el hombre provisto de una inconsciencia, en un sentido de “no conciencia de lo absurdo”, que da sentido a su vida. Hay dos posibilidades pues: 1. Sumirse en la lectura y correr el peligro de caer en el abismo; 2. Ni siquiera asomarse al abismo y alejarse a terrenos menos peligrosos, carentes de la conciencia y consciencia de la absurdidad. El hombre de conciencia absurda siempre anda de forma irremediable, como por una especie de instinto, por el filo del abismo. ¿Y cómo nace el absurdo? Pues como señala Camus, gracias a ese divorcio entre la conciencia del hombre, por fin consciente de la inutilidad de la vida y de la sinrazón y sinsentido esencial a toda la existencia, y la realidad dada fuera de dicha conciencia que ayuda a construir la experiencia propia. De este modo mana una desazón inapelable, «la náusea». Finalmente, después de este “nacimiento” o “despertar al absurdo”, se bifurcan dos caminos: el suicidio (lo más profundo del abismo) y la rebelión (darle sentido a la vida, construir). Y obligatoriamente debemos elegir uno de los senderos.
Lo irracional no es “no asumir” lo racional, sino afirmar que la vida carece de sentido y lo que ella contiene, ¡afirmar su vacío e intrascendentalismo! ¡Sólo hay pensamiento profundo siempre que uno es capaz de proveérselo con su propia conciencia, pues al fin y al cabo como experiencia sirve exclusivamente lo vivido y pensado!; una vez tomado esto, el hombre absurdo y con conciencia de lo absurdo está preparado para vivir la vida, a rebelarse contra la existencia y desafiar a la muerte; ya no hay contradicciones, la vida adquiere sentido con la conciencia de lo absurdo; y es un sentido absurdo, pero es su sentido.
El mensaje de Camus es afirmador, dice sí a la vida, si a la mayor cantidad de vida posible, ¡la vida debe agotarse y la muerte desafiarse! Así, en cierto modo, Camus zanja la problemática del suicidio, que es calificado como una salida del absurdo, pero he ahí de nuevo la paradoja: lo absurdo de vivir es precisamente la muerte. Por lo tanto, es un error esa máxima de que una conciencia consciente de lo absurdo debe, para ser consecuente, recurrir al suicidio; se puede salir de esa visión absurda de la vida precisamente asumiéndolo en afirmativo, siendo conscientes de ello: el suicidio es así tomado como una debilidad, la asunción del suicida de que la realidad le supera. Cómo no, esta forma de vivir, de vivir sabiendo de la inutilidad de las cosas, del sinsentido de las emociones, de los actos, de las consecuencias… requiere fortaleza y voluntad, sufrir y gozar cada segundo con la experiencia propia y tomada. Lo absurdo ha de superarse y la existencia debe ser rebasada para llegar al último instante habiéndolo agotado todo. La libertad se reduce a la de un hombre condenado a muerte.
Vivir una experiencia, un destino, es aceptarlo plenamente. Ahora bien, no se vivirá ese destino, sabiéndolo absurdo, si no se hace todo para mantener ante sí ese absurdo iluminado por la conciencia. (…) Vivir es hacer que viva el absurdo. Hacerlo vivir es, ante todo, contemplarlo».
Albert CAMUS, El Mito de Sísifo, Alianza Editorial, BA 0660, Madrid, 2004. Quinta reimpresión. Página 72. Traducción de Esthe
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Etiquetas: camus, mito de sísifo, absurdidad, absurdo, DAORINO
Retrospectiva: ALBERT CAMUS EN EL MUNDO DE DAORINO
http://www.mundodaorino.es/search/label/Albert%20CAMUS
ALBERT CAMUS
El Extranjero
El Extranjero fue publicado por primera vez el año 1942 y supone la obra que coloca en escena al franco-argelino Albert Camus, que posteriormente recibiría el Premio Nobel en el año 1957, tres años antes de su muerte en un accidente automovilístico.
El Extranjero pone bajo relieve el vacío y el absurdo de la existencia, es una expresión de lo meramente material de la vida y de lo superficial de las cosas por muy hondas que estén. Si se atisba cierta profundidad es posteriormente desmitificada, pues no es sino descubrir nuestra superficialidad oculta: lo trascendente debería por lo tanto quedar inaccesible e indescifrable o no quedar al descubierto ante la insípida sensibilidad de un indolente como Mersault, protagonista de la novela que comentamos y a quien todo le da igual. Ni afectos, ni sentimientos humanos, nada, en este libro eso no existe como buena muestra de la deshumanización del Hombre. Todo queda sumido bajo el yugo del absurdo y bajo la premisa “qué más da una cosa que otra” pues nada importa, todo queda bajo el paisaje de la indiferencia. En El Extranjero, la mirada del nihilista es contemplativa, pasiva, casi actúa por mero reflejo corporal, como cuando nos movemos por el susto y actuamos bajo un instintivo manotazo al aire para protegernos de a saber qué cosa invisible. El único sufrimiento apreciable es existir.
Esa prosa clara, concisa, lacónica, no hace más que inquietar al lector de El Extranjero. Te sitúa en un plano de casi atemporalidad, como si los hechos pasaran de un sitio a otro con un chasquido de dedos. Camus nos deslumbra con una prosa descriptiva, brillante en su medida, limpia y sin fisuras. Como buen existencialista, nos adentra en las tinieblas del espíritu humano, un espíritu que actúa sin razón clara, condenado al absurdo de su hacer o a la mentira de un objetivo, de una meta: ensoñaciones del Hombre que quiere darle sentido a las cosas que no la tienen.
Camus representa junto con Sartre una de las más brillantes prosas existencialistas del s.XX y podemos situarlo sin dudar entre los más destacados autores de la Historia Universal de las letras, al ser un referente literario insoslayable y el ojo de una época convulsa no ausente de la famosa Náusea; una época no ausente, en definitiva, de amargura y del sin sabor que deja la sangre. En definitiva, Camus nos muestra en El Extranjero el desencanto, el mismo desencanto de una época que podemos ver reflejada en Sartre o en Hesse, incluso en Cioran y otros más; sus ecos hoy se escuchan con la misma fuerza, sólo que se hace oídos sordos: hoy la esperanza suena con más firmeza que la verdad, y el hombre tropieza una y otra vez... Cada generación lo único que hace es levantarse de nuevo.
Y después de leer El Extranjero quién, con un poco de decencia y de decoro, no puede sentirse un poco extraño entre los hombres, un extranjero en su propia sociedad, una especie de apátrida en el mundo de las ideas; quién puede, en definitiva, resistirse a la idea de que es un extranjero, un hombre un tanto indiferente al obrar común que nos convierte en monstruos ante los ojos de la “normalidad”.■
Autor del texto: daorino 1 comentarios publicados, haz el tuyo
18 de julio de 2007
LA PESTE
Albert Camus es un escritor existencialista de cierto corte decadente (y no me refiero a la calidad de sus escritos, demasiado brillantes, sino a su visión de la vida), que se adentra en el absurdo de la existencia y que a su vez pone en valor positivo y estima las cualidades más dignas del ser humano. Es una especie de pesimista con esperanza, un ídolo de la frustración, un narrador de la tristeza y sobre todo de la propia experiencia, como buen existencialista. Yo conocí como lector a Camus leyendo El Extranjero, una novela clara, concisa, cruel y fría, pero de una belleza literaria inusual para mí, nueva, que abrió mi mente a otras pesquisas, a otras formas de expresión lejos del barroquismo y de la circunlocución de mis escritos.
He de reconocer que La Peste no me fascinó tanto como El Extranjero. Para empezar, claro está, ambas tienen un fin distinto, lo que requiere de formas distintas. La Peste es una crónica de la enfermedad que asoló Orán, por lo que ya la narrativa debe ser distinta. Su naturaleza es casi periodística, si es que no es esa su naturaleza, la cual no me atrevo a afirmar con seguridad al tratarse de una novela.
Pero centrándonos en La Peste, he de valorarla positivamente, es una gran novela que igual revela los aspectos más pútridos como los más sublimes del ser humano. Desde el principio, desde que las ratas salen de las alcantarillas para morir delante de los ciudadanos de Orán, uno ya ve la tragedia venir. Las muertes se desencadenan, Orán parece un llanto y un osario a la vez. Pero el drama alcanza su cúspide en el encierro, cuando las autoridades obstruyen casa salida de Orán a cal y canto. Los ciudadanos, confinados, no tienen
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Etiquetas: DAORINO, mundodaorino, camus, extranjero, Peste, sisifo
ALBERT CAMUS - El Extranjero
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El Extranjero fue publicado por primera vez el año 1942 y supone la obra que coloca en escena al franco-argelino Albert Camus, que posteriormente recibiría el Premio Nobel en el año 1957, tres años antes de su muerte en un accidente automovilístico.
El Extranjero pone bajo relieve el vacío y el absurdo de la existencia, es una expresión de lo meramente material de la vida y de lo superficial de las cosas por muy hondas que estén. Si se atisba cierta profundidad es posteriormente desmitificada, pues no es sino descubrir nuestra superficialidad oculta: lo trascendente debería por lo tanto quedar inaccesible e indescifrable o no quedar al descubierto ante la insípida sensibilidad de un indolente como Mersault, protagonista de la novela que comentamos y a quien todo le da igual. Ni afectos, ni sentimientos humanos, nada, en este libro eso no existe como buena muestra de la deshumanización del Hombre. Todo queda sumido bajo el yugo del absurdo y bajo la premisa “qué más da una cosa que otra” pues nada importa, todo queda bajo el paisaje de la indiferencia. En El Extranjero, la mirada del nihilista es contemplativa, pasiva, casi actúa por mero reflejo corporal, como cuando nos movemos por el susto y actuamos bajo un instintivo manotazo al aire para protegernos de a saber qué cosa invisible. El único sufrimiento apreciable es existir.
Esa prosa clara, concisa, lacónica, no hace más que inquietar al lector de El Extranjero. Te sitúa en un plano de casi atemporalidad, como si los hechos pasaran de un sitio a otro con un chasquido de dedos. Camus nos deslumbra con una prosa descriptiva, brillante en su medida, limpia y sin fisuras. Como buen existencialista, nos adentra en las tinieblas del espíritu humano, un espíritu que actúa sin razón clara, condenado al absurdo de su hacer o a la mentira de un objetivo, de una meta: ensoñaciones del Hombre que quiere darle sentido a las cosas que no la tienen.
Camus representa junto con Sartre una de las más brillantes prosas existencialistas del s.XX y podemos situarlo sin dudar entre los más destacados autores de la Historia Universal de las letras, al ser un referente literario insoslayable y el ojo de una época convulsa no ausente de la famosa Náusea; una época no ausente, en definitiva, de amargura y del sin sabor que deja la sangre. En definitiva, Camus nos muestra en El Extranjero el desencanto, el mismo desencanto de una época que podemos ver reflejada en Sartre o en Hesse, incluso en Cioran y otros más; sus ecos hoy se escuchan con la misma fuerza, sólo que se hace oídos sordos: hoy la esperanza suena con más firmeza que la verdad, y el hombre tropieza una y otra vez... Cada generación lo único que hace es levantarse de nuevo.
Y después de leer El Extranjero quién, con un poco de decencia y de decoro, no puede sentirse un poco extraño entre los hombres, un extranjero en su propia sociedad, una especie de apátrida en el mundo de las ideas; quién puede, en definitiva, resistirse a la idea de que es un extranjero, un hombre un tanto indiferente al obrar común que nos convierte en monstruos ante los ojos de la “normalidad”.■
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Etiquetas: mundodaorino, camus, extranjero, Existencialismo, literatura
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