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Noticias etiqutadas con : Filosofía
No basta abrir la escuela, hay que dotarla de una filosofía liberadora. Guillermo Guzmán Venezuela
http://cultural.argenpress.info/2009/09/no-basta-abrir-la-es...
La educación necesaria nunca será factible mientras su propio enemigo sea el régimen que la sustenta, por eso hay que rescatar la escuela para que la propia comunidad la vigile de cerca con entera libertad... viviremos peligrosamente, a menos que cambiemos el viejo modelo de educar a los mocosos- un modelo egoísta, envenenado, dirigido por la empresa y confinado a las élites- por uno nuevo, solidario, progresista y revolucionario, dirigido por el Estado y vigilado por la comunidad, un nuevo modelo que libere al muchacho de aprender dogmas cerrados y, los haga críticos.
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Etiquetas: educación, revolución, Filosofía, dogma, Iglesia, DDHH
No basta abrir la escuela, hay que dotarla de una filosofía liberadora. Guillermo Guzmán Venezuela
http://cultural.argenpress.info/2009/09/no-basta-abrir-la-es...
La educación necesaria nunca será factible mientras su propio enemigo sea el régimen que la sustenta, por eso hay que rescatar la escuela para que la propia comunidad la vigile de cerca con entera libertad... viviremos peligrosamente, a menos que cambiemos el viejo modelo de educar a los mocosos- un modelo egoísta, envenenado, dirigido por la empresa y confinado a las élites- por uno nuevo, solidario, progresista y revolucionario, dirigido por el Estado y vigilado por la comunidad, un nuevo modelo que libere al muchacho de aprender dogmas cerrados y, los haga críticos.
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CICLO "Genealogía de la Moral" (PARTE III/IV) «Culpa», «mala conciencia» y similares (II)
http://www.mundodaorino.es/2009/08/ciclo-genealogia-de-la-mo...
IV. SOBRE EL ORIGEN DE LA MALA CONCIENCIA.
En este punto no es posible esquivar ya el dar una primera expresión provisional a mi hipótesis propia sobre el origen de la «mala conciencia»: tal hipótesis no es fácil hacerla oír, y desea ser largo tiempo meditada, custodiada, consultada con la almohada. Yo considero que la mala conciencia es la profunda dolencia a que tenía que sucumbir el hombre bajo la presión de aquella modificación, la más radical de todas las experimentadas por él, de aquella modificación ocurrida cuando el hombre se encontró definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la paz. Lo mismo que tuvo que ocurrirles a los animales marinos cuando se vieron forzados, o bien a convertirse en animales terrestres, o bien a perecer, eso mismo les ocurrió a estos semianimales felizmente adaptados a la selva, a la guerra, al vagabundaje, a la aventura, - de un golpe todos sus instintos quedaron desvalorizados y «en suspenso». (Pincha aquí para leer el texto completo) (…)■
FRIEDRICH NIETZSCHE, LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (Un escrito polémico). Alianza Editorial, año 1998. BA 0610, Pág. 108. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.
Adentrémonos en el origen de la «mala conciencia». Nietzsche sincroniza en cierta medida dicha aparición con la modificación que sufrió el hombre al civilizarse, al mezclarse en sociedad. Un hombre aún primitivo, acostumbrado a dar rienda suelta a sus afectos (pasiones), más bárbaro por ser más animal (y no por ser más bárbaro será menos civilizado), tendrá en sociedad que frenar sus pulsiones y rebajarse al orden impuesto por la ley moral (a grandes rasgos –a lo mejor no tan grandes- todo código penal es una ley moral y toda religiosidad es tanto una ley moral como un código penal). Así empieza el debilitamiento del hombre fuerte, así comienza el cansancio, el odio al placer y la lenta degeneración en un mundo abordado por el hastío y sin afán de superación. En nuestros días resulta evidente, dicha realidad rezuma como el aire fétido de un excremento de vaca. Las sociedades occidentales son sumamente débiles y enfermizas (y las propias sociedades trabajan en ese sentido: frenos a la superación personal, medios para alimentar los instintos disolutamente, etc.): es el resultado de tanta paz y de tanto bienestar; así hemos llegado a tal punto que Europa se ve indefensa ante otros pueblos más fuertes. Un poco de barbarie no hace daño, es beneficioso, es señal de salud, de hombres activos y libres que están dispuestos a luchar por lo que les pertenece y, sobre todo, que están dispuestos a prodigarse (darlo todo): alguien que se entrega y que se ama a sí mismo es orgulloso, pero también generoso. Dicho esto, se intuye con mayor claridad lo que quiero decir: el hombre-animal tuvo que dejar en suspenso sus instintos debido a los efectos de la sociedad y esa promesa de paz que tanto ansiaban los débiles y enfermos de espíritu, pues no dependían de sí mismos, no eran soberanos, no sabían defenderse. Una paz mal entendida, porque cuando el hombre no tiene contra quién desbordar su impetuosidad y ansias de conquista se devora a sí mismo: nuestra concordia debe ganarse cultivando nuestra fuerza, demostrándonos a nosotros mismo y al resto de los seres cuán temibles somos: sólo la fuerza da seguridad, sólo la seguridad da la paz.
No obstante, es ese paso de la vida sin inhibiciones a la vida en sociedad lo que desencadena «el comerse a sí mismo», así inaugura el hombre la «mala conciencia», la «culpa», el «resentimiento»…; como dice Nietzsche: “todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro”. Eso es lo que Nietzsche llama interiorización, así es como el hombre empezó a inventarse de nuevo como una bestia de las profundidades, subterránea, oscura y miserable: esto derivó a rencor hacia uno mismo, a autotortura, a espiritualidad… No es difícil percibirlo, al menos yo lo advierto bien claro. Todos nos hemos torturado y envenado en mayor o menor medida por algo alguna vez. Esa tortura viene dada por unas leyes morales que no respetan el orden natural de la vida misma, que no respetan la naturaleza humana; leyes que ven indecorosa toda exacerbación de vida, de sexualidad, de alegría… No hablo de vicios, los vicios son degeneraciones mentales producidas por la inteligencia del raciocinio, yo hablo de los sanos instintos, de nuestro brío animal -recóndito y secreto-, aquello que a veces todo ser humano añora y que sabe que es la verdadera liberación. El instinto es nuestra inteligencia natural, y hubo instantes en los que supo convivir con el raciocinio, ese subproducto de la inteligencia, engañador y poco fiable (el verdaderamente inteligente es aquel que no se deja engañar); y ambas se respetaban y se llevaban bien, pero al final triunfo aquello por lo que el hombre se independizó de la naturaleza, llamándose hombre: con tal mentira nos hemos
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Etiquetas: DAORINO, Nietzsche, mala conciencia, Filosofía, inocencia
Epicuro o la moderación en el placer: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?
http://mundodaorino.wordpress.com/2009/07/02/epicuro-o-la-mo...
Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces:
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html
En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad.
Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-.
Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal.
Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo.
Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más.
En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona.
A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■
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Etiquetas: epicuro, mundodaorino, foroidentidad, Filosofía, Felicidad
Resumen del debate celebrado por la Asociación Foro Identidad el 21/02/2009
http://www.mundodaorino.com/2009/07/epicuro-o-la-moderacion-...
Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces:
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html
En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad.
Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-.
Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal.
Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo.
Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más.
En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona.
A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■
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Epicuro o la moderación en el placer ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?
http://www.mundodaorino.es/2009/07/epicuro-o-la-moderacion-e...
Sobre el asunto que me aventuro a desarrollar, tema de debate en Foro Identidad y que en cierto modo ya se trató en dos ocasiones de la mano del utilitarismo, hemos de hacer dos distinciones muy claras entre dos doctrinas inclinadas al placer (hecho que desmitificaremos, al menos en cuanto a Epicuro se refiere), y es que los epicúreos eran hedonistas racionales, frente a los hedonistas egoístas, que eran los cirenaicos. Los primeros pensaban en la moderación de los placeres, los segundos en su propia conveniencia. Los resúmenes de los debates sobre utilitarismo de Foro identidad podéis encontrarlos en los siguientes enlaces:
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html
- http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html
En la tarea de desmitificar el encasillamiento de Epicuro respecto a lo que he denominado arriba un hedonismo egoísta o craso, uno de los contertulios destaca que cómo puede tratarse a Epicuro como Hedonista si de lo poco que se conoce de él (que no llegará ni al 1% de su vastísima obra) ni siquiera trata en su totalidad el tema del placer. Otro de los contertulios resalta que Epicuro buscaba un equilibrio de los placeres (moderación de las pasiones) mientras que otro de los miembros de Foro Identidad hizo hincapié en que la filosofía de Epicuro no se basaba en el placer, sino en éste como un medio, y que el auténtico objetivo que perseguía Epicuro era la felicidad.
Epicuro, como filósofo y científico de la época, era materialista, -con las excepciones notables de Platón con su Idea de Bien que él define como más allá de toda esencia y, por tanto, inmaterial y algún otro “espiritualista” como Sócrates y su idea del alma que sobrevive al cuerpo o el gran Aristóteles con su idea de motor Inmóvil o Acto Puro sin potencialidad, es decir, sin materia, la cual siempre es potencial o con posibilidad de adquirir algo que le falta-.
Epicuro es precursor del utilitarismo: «Hay felicidad cuando hay placer». La felicidad se concibe de esta forma como finalidad de la vida o de la historia personal.
Epicuro planteaba un saber vivir, una filosofía para la vida en la que proponía la amistad para la propia seguridad del individuo y así que no se viera en contingencia o amenazada la imperturbabilidad del alma, que era el éxtasis epicúreo.
Estas serían prescripciones de un hombre cansado, como bien diría otro de nuestros contertulios, un hombre pasivo que ve en la acción una forma de fastidiar su vida conservadora (no en sentido político, por supuesto, sino estético y material: el propio Epicuro decía que había que huir de los políticos, siendo éstos agitadores de la imperturbabilidad). Tal era la desesperanza de Epicuro; no esperaba nada, si por él fuera se habría inmovilizado en el tiempo; o así entendemos a Epicuro con lo poco que podemos leer de él gracias a Diógenes Laercio (¡cuánto se habría perdido en el olvido si no hubiera sido por él!) y a unos pocos más.
En definitiva, a Epicuro se le encasilla como hedonista por lo poco que ha quedado de su obra, y de lo que dice tal vez sólo el 20% se pueda clasificar en esos términos. Así pues, qué mal empleo de la figura de Epicuro, que tal vez fuera una cosa distinta si conociéramos toda su obra, que al parecer fue vastísima. A Epicuro se le juzga en definitiva como por una frase, lo que se puede considerar una gran injusticia, pues para hablar de Epicuro hay que tener presente algo: de él no sabemos nada, o lo que es lo mismo, lo más importante de Epicuro ardió en las llamas y sólo nos ha quedado un pequeño aullido o suspiro sobre su persona.
A la pregunta: ¿Son aplicables a nuestra época las soluciones de Epicuro?; no sabría qué responder, y he de decir que en el debate no quedó nada clara su respuesta. Sin duda alguna, hoy en día, más que nunca (quién sabe) el hombre vive volcado en el placer, tal ha sido el éxito de las filosofía materialista del utilitarismo, por ejemplo, deudora de Epicuro en cierto modo, y de algunos más, que se instalaron tanto en el marxismo como en el liberalismo, haciendo hincapié en la calidad de vida que procura una vida material y física. Epicuro, sin embargo, se echaría las manos a la cabeza, pues él, inmediatamente, y entendiendo a éste como un moderador del placer, intentaría poner freno a tanto desparpajo e invitar a los hombre a vivir en el equilibrio. Para este filósofo sería una ruina este mundo donde habrían ganado los hedonistas egoístas.■
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Sobre el cinismo antiguo y el moderno, por Alfonso Fernández Tresguerres
http://www.worcel.com/archivos/6/cinicos.html
Hablemos, en primer lugar, de los cínicos antiguos. Y comencemos por el nombre, sobre cuyo origen, a lo que parece, se barajan dos posibles interpretaciones: según algunos, derivaría de kyon («perro»), apelativo que los cínicos entenderían como un honor, por cuanto que reflejaría con toda exactitud su ideal de vida («vivir conforme a la naturaleza») llevado hasta sus últimas consecuencias: en efecto, vivir del modo más natural posible, sería, en el límite, vivir como los animales, como un perro, por ejemplo. Otra tradición, de la que se hace eco Diógenes Laercio, busca, en cambio, la génesis del término en Cinosargo (que significaría algo así como «perro ágil»), y que sería el nombre del lugar en el que Antístenes abrió la escuela (si es que fue el fundador de la misma) y en el que inició sus enseñazas («Disputaba en el Cinosargo –escribe Diógenes Laercio–, gimnasio cercano a la ciudad, de donde dicen algunos tomó nombre la secta cínica»). Según esta versión, los cínicos descenderían directamente de Sócrates, de quien Antístenes fue discípulo, y formarían, así, parte de los llamados «socráticos menores», siendo Diógenes de Sínope su figura más relevante, o, al menos, la más conocida y carismática. Pero ésta es sólo una versión. Otras niegan, sin embargo, que Antístenes sea el creador de la escuela, e incluso que tuviese alguna vinculación con los cínicos, con lo que, al cabo, se rompería el eslabón que los liga a Sócrates, y entienden que el verdadero padre del cinismo sería, precisamente, Diógenes de Sínope (ese «Sócrates loco», como lo llamaba Platón). Y hasta no falta quien sostenga que el auténtico iniciador del movimiento fue Crates.
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Etiquetas: Alfonso Fernández Tresguerres, cinismo, DAORINO, Filosofía
CICLO “Tratado de Ateología” (PARTE I/IV) ATEOLOGÍA
http://www.mundodaorino.es/2009/04/ciclo-tratado-de-ateologi...
Con esta entrada iniciamos un nuevo ciclo en El Mundo de Daorino donde pretendo hacer un pequeño estudio sobre la Primera Parte del ensayo Tratado de Ateología del filósofo francés Michel Onfray. Este autor, materialista, utilitarista y hedonista, propone una trasvaluación de la moral mediante la filosofía y la ética con la única herramienta de la Razón, alejándose de construcciones mediante la Metafísica y la Religión, negando tajantemente a Dios como idea valida; propone, en definitiva, una nueva era moral y ética, el poscristianismo, y una “física de la metafísica” (subtítulo de este libro).
« ¿La religión? Una invención de los hombres para poder asegurarse el poder sobre sus semejantes. ¿La razón? El instrumento que permite luchar contra todas esas tonterías (palabras de Cristovao Ferreira, citadas por M. Onfray)».
(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 46)
Su ataque al judeocristianismo es imperativo, irrumpiendo como una especie de pos-Nietzsche en el panorama filosófico actual. La tarea de la Ateología es deconstruir los monoteísmos (los tres), desmitificar las religiones (las tres), desmontar las teocracias (las tres) y gritar un sí a la vida, un sí al cuerpo, un sí al Hombre, alejándose como consecuencia de la neurosis, de las patologías, de las quimeras que provoca la fe y la fantasía. Así, este libro pretende ser una cura, una cura para erradicar esas pulsiones judeocristianas asentadas en nuestra cultura y que sobrevivirán a la caída de la Iglesia y de toda jerarquía religiosa organizada, ¡tal es el daño! En las voluntades de los hombres aún dicta una teocracia.
«El ateísmo posmoderno anula la referencia teológica, pero también la científica, para construir una moral. Ni Dios, ni Ciencia, ni Cielo inteligible, ni el recurso a propuestas matemáticas, ni Tomás de Aquino, ni Auguste Comte o Marx; sino la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, el Hedonismo individual y social, entre otras propuestas a desarrollar dentro del campo de la inmanencia pura, a favor de los hombres, para ellos y por ellos, y no para Dios o por Dios».
(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 33)
Para Onfray es necesario, para construir una nueva moral, “trabajar con la realidad y construir a partir de ella”. Esa realidad existente es la sensible, no hay nada más allá. La realidad ostensible es todo a lo que el hombre puede aspirar, lo demás son divagaciones, imaginaciones de la mente, mentiras puras. El ateo debe vivir libremente ante sí mismo, no debe justificar sus actos ante ninguna divinidad ni llenarlos de la malsana mala conciencia. ¡El ateo ha desacralizado el mundo y lo ve ante sí tal como es, sin cuentos de niños, sin revelaciones, sin negar la vida, sólo con la Razón! El ateo es, en definitiva, un guerrero en constante lucha contra la inexpugnable y recurrente idea de Dios.
En el punto dos de la primera parte de este libro que comentamos Onfray dice claramente que Dios morirá con el último de los hombres, pues todo, hasta lo procedente de sus negadores le justifica de algún modo, dándole peso en “lo real”. A mí esto me lleva a lo siguiente: el ateo es un resentido, un odiador (todo odiador es un resentido), una víctima y un verdugo ante una idea que intenta aniquilar, una idea que a cada golpe recibido se hace más grande. ¿Cómo destruir a Dios, pues? Sería fácil, al menos el decirlo lo es: no pensando en él, ¡ja! Tarea ardua, imposible, tan anclada está la idea de Dios en nosotros. Como conclusión, la idea de Dios es totalitaria; y si bien Dios no es real y por lo tanto no es inmanente en la vida misma, si es inmanente en el Hombre, pergueñador de historietas, crédulo oyente de histerias, parturienta fértil de divinidades.
Para matar a Dios tal vez la Ateología sirva como una forma de enfrentarse contra tal idea inventada, contra la quimera, trabajando con la realidad y construyendo a partir de ella; pero la Ateología tal vez no sea lo suficientemente fuerte como para llegar a la consumación liberadora del deicidio. «Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir; sus negadores también…» (Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama -Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 33), sentencia Onfray. ¿Pero cómo matar algo que cobra vida con sólo nombrarla? Dios es como Medusa, que al mirarla te convierte en piedra: negar a Dios casi te convierte en un creyente. Tal vez podría matársele siendo lo contrario que lo produjo: activo, afirmador, valiente, inteligente y consciente de “lo real”; pues Dios no pudo nacer sino del miedo y de la debilidad en tierras yermas, en el desierto. En definitiva, la única forma de aniquilarlo sería hundiéndolo en
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El debate de Foro Identidad sobre la escuela cínica griega en la prensa comarcal
http://foro-identidad-noticias.blogspot.com/2009/04/el-debat...
La asociación filosófica algecireña Foro Identidad organiza este sábado un debate que girará en torno a los grandes pensadores de la escuela cínica griega.
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Etiquetas: foro identidad, Cínicos, grecia, Filosofía
CICLO "NIETZSCHE Y EL NACIMIENTO DE LA TRAGEDIA" PARTE (II/IV)
http://www.mundodaorino.es/2009/04/ciclo-nietzsche-y-el-naci...
EL UNO PRIMORDIAL, LA INTUICIÓN DE LA UNIDAD DE LAS COSAS, LA INOCENCIA DEL DEVENIR Y LA VOLUNTAD DE PODER
El Nacimiento de la Tragedia es la primera gran obra de Nietzsche. El propio filósofo dice de ella que es un tanto “inmadura” haciéndose así mismo una autocrítica, que sentenciaría de forma apabullante al señalar que Wagner y Schopenhauer «echaron a perder su obra». Y es que en EL Nacimiento de la Tragedia es más que patente sobre todo la influencia de Schopenhauer, utilizando su terminología. En relación a Wagner, su influencia es más artística, más musical que filosófica, pues tal es el campo del músico; y casi diría que la música es filosofía, o, al menos, materia etérea en constante filosofar: es como si Nietzsche buscara lo apolíneo y lo dionisíaco en Schopenhauer y en Wagner.
Podría decirse que este libro surgió de una inspiración wagneriana, con la que Nietzsche pudo escribir esta interesantísima primera obra, publicada en el año 1872, fecha a la que ya hicimos referencia en la PARTE I de este ciclo. Además, Nietzsche ya muestra con maestría su talento como elaborador de antítesis, como confrontador de fuerzas, que a posteriori, con Genealogía de la Moral, alcanzaría el grado del genio en la elaboración de dichas figuras retóricas.
Al escribir estos artículos para este ciclo me he propuesto ser lo más intuitivo posible, de la misma forma que lo fue Nietzsche escribiendo El Nacimiento de la Tragedia; siendo así lo más natural, igual de natural que un perro noble expresando su dolor y su alegría, sin fisuras, sin falsedades, siempre verdadera, nunca coartada por la vergüenza o el miedo hacia las miradas opacas y «acegadas» del “espectador crítico”. Así he de expresarme pues, natural, sin artificios propios de nuestra cultura, dionisíacamente, o lo que es lo mismo, o casi lo mismo, trágicamente. ¡Sea este ciclo con sus artículos una especie de prosa ditirámbica!
También hemos de tener en cuenta el substrato metafísico de esta obra, substrato que el propio Nietzsche atacaría en obras posteriores. Así pues, El Nacimiento de la Tragedia ha de situarse en una primera fase dentro de toda la obra de Nietzsche que podríamos llamar período metafísico.
Sin más dilación, empecemos analizando el pensamiento trágico nietzscheano, esa intuición de la que se percata Andrés Sánchez Pascual prologando El Nacimiento de la Tragedia:
(…) Lo que Nietzsche expone en este escrito es su intuición y su experiencia de la vida y de la muerte. Todo es uno, nos dice. La vida es como una fuente eterna que constantemente produce individuaciones y que, produciéndolas, se desgarra a sí misma. Por ello es la vida dolor y sufrimiento: el dolor y el sufrimiento de quedar despedazado lo Uno primordial. Pero a la vez la vida tiende a reintegrarse, a salir de su dolor y reconcentrarse en su unidad primera. Y esa reunificación se produce con la muerte, con la aniquilación de las individualidades. Por eso la muerte es el placer supremo, en cuanto que significa el reencuentro con el origen. Morir no es, sin embargo, desaparecer, sino sólo sumergirse en el origen, que incansablemente produce nueva vida. La vida es, pues, el comienzo de la muerte, pero la muerte es condición de nueva vida. La Ley eterna de las cosas se cumple en el devenir constante. No hay culpa, ni en consecuencia redención, sino la inocencia del devenir. Darse cuenta de esto es pensar trágicamente. El pensamiento trágico es la intuición de la unidad de todas las cosas y su afirmación consiguiente: afirmación de la vida y de la muerte, de la unidad y de la separación. Mas no una afirmación heroica o patética, no una afirmación titánica o divina, sino la afirmación del niño de Heráclito, que juega junto al mar. (…)
Palabras de Andrés Sánchez Pascual es la introducción de: Friedrich Nietzsche. El Nacimiento de la Tragedia. Alianza Editorial, año 2004. BA 0616, págs. 19, 20. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.
La Inocencia del devenir muestra al hombre sufriente sometido a los avatares de los dioses y al irrefrenable fluir de las cosas. La vida es un chorrear constante que se escapa del hacer humano, por ello el hombre es inocente en el devenir; no debe sentirse culpable, pues no es su poder controlar su destino ni el inexorable acontecer: la historia es en tal sentido de una esencia mitológica y epopéyica, no moral (y lineal), sino heroica (y cíclica) e irracional; la responsabilidad reside en los dioses por lo tanto, por ello el Olimpo era el consuelo del hombre griego, por ello el hombre griego les ofrecía culto: el poder de los dioses no era ni cuestionado ni amonestado, ya que el poder de tan elevadas esferas era asumido sin más al escaparse de la comprensión humana (bajo esta óptica el hombre griego era sumamente honesto y bellamente trágico): Nietzsche nos muestra al hombre antiguo más sabio, consciente de su pequeñez en el mundo. ¡Qué bello pue
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